Ernst Cassirer definió al humano como animal simbólico, porque las realidades físicas son una parte de nuestra vida carente de significado. La carga simbólica que les otorgamos, es lo que las diferencia y las dota de sentido, evitando que vivamos en un magma amorfo e indiferenciado.
En 1949 se creó la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina, la UNRWA, para hacer frente a la grave crisis de refugiados que Israel inicia en 1947 ¡antes de ser oficialmente un estado reconocido por Naciones Unidas! Esta expulsión de cientos de miles de palestinos de sus hogares y su patria dió lugar a la guerra Árabe-Israelí, la cual multiplicó su número tras la victoria israelita. Lo planeado como un organismo transitorio, mientras los expulsados no pudiesen volver a su país, se ha prolongado hasta nuestros días. El estado sionista no solamente ha impedido su regreso, también ha continuado ocupando más territorios palestinos y obligando a sus habitantes a abandonarlos.
A principios de diciembre la sede matriz de UNRWA en Jerusalén este (ocupado ilegalmente por el estado israelita) fue obligada a cerrar, y el pasado día 20 fue demolida. Destruir esta sede que señala, desde el corazón mismo de Israel, la barbaridad que vienen llevando a cabo desde 1947, ha sido asunto tan prioritario, que su gobierno se ha encargado también de que se incendien los restos derribados. Recuerda los brutales procesos de la Antigüedad, en los cuales las más relevantes ciudades enemigas eran derrumbadas y sembradas de sal tras ser conquistadas. Pero igualmente indica al resto del mundo que pueden saltarse toda legislación internacional impunemente, que están por encima de ella y que su aliado los va a defender si alguien osa desafiarlos. También en la antigüedad se colgaban públicamente las cabezas de quienes desafiaban la arbitraria voluntad de quien gobernaba de facto, aunque no lo hiciese de iure.
El estado de Israel no solamente quiere apropiarse de todos los territorios palestinos, quiere eliminarlos como tales, borrarlos, reducirlos a unas líneas en los libros de historia, los cuales ya se encargará de cambiar, o borrar, en su momento. Viene haciéndolo desde 1948, cambiando el nombre de los pueblos palestinos que vacía por nuevos nombres judíos, destruyendo sus mezquitas y todos sus lugares significativos. Para el sionismo actual Palestina es un símbolo que ha de ser borrado sistemáticamente.
A la vez, para cualquier espectador humano que aspire a la justicia y la convivencia pacífica, las acciones que estamos presenciando se convierten en nuevo modelo para todo genocidio, en un símbolo ¡tan poderoso! que está desplazando el significado de Auschwitz. Desde el momento en que quienes sufrieron lo simbolizado por el mayor campo del horror, llevan a la práctica crímenes contra la humanidad del calibre que vienen perpetrando, e incluso llegan a poner en marcha un genocidio -como vemos desde 2023- pasan de simbolizar a las víctimas, a simbolizar a los perpetradores. Israel y quienes los apoyan se han erigido en los nuevos verdugos de la humanidad a través del genocidio palestino.
M.A. Velasco

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